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<< Historia: Los reyes Carolingios y los condados
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Los territorios que formaron el Imperio Carolingio (Galia, Germania, Italia y la Marca Hispánica) permitieron, gracias a la continua expansión desde los tiempos de Pipino el Breve y Carlomagno (768-814), la cohesión y la hegemonía de la aristocracia de los francos y asociar el poder y los beneficios a linajes de
pueblos incorporados al gran Imperio. |
Esto explica que durante estos primeros años, fuese la aristocracia franca la que dominó el gobierno de los condados catalanes.
No sólo el dominio político de los francos marcó esta primera etapa, sino que tuvo el refuerzo del eclesiástico ya que los obispos catalanes se supeditaron a la autoridad principal del arzobispo de Narbona, siempre franco y con la confianza de la corte.
Pero, a pesar de este control, los problemas empezaron a sucederse a partir de los años 20 del siglo IX, entre los que cabe destacar las revueltas de Aissó y Guillemó, así como las divisiones y conflictos internos entre linajes aristocráticos, encabezados por los propios hijos y herederos del emperador, todos ellos en lucha constante entre si.
Durante los conflictos, la autoridad real quedó alejada de los condados y la frontera fue defendida por las autoridades locales. Por este motivo Luís el Piadoso y Carlos el Calvo encomendaron de forma excepcional el gobierno de una parte de los condados catalanes y de la Septimania a Sunifredo, un magnate godo quien fue asesinado por los francos rebeldes. Al frente de los condados de Urgell, la Cerdanya, Barcelona y Girona quedó su hijo Guifré el Pelós (Guifredo el Velloso). Su muerte en defensa del nuevo territorio de frontera atacada por los musulmanes en Lleida debía contribuir a la consolidación del prestigio de su linaje en un momento crucial de debilidad del poder real franco.
De este modo, a finales del siglo IX, tres condes se repartían el poder en los condados catalanes. Durante el siglo X, los descendientes de estos condes retuvieron la dignidad condal, que se convirtió en hereditaria y patrimonial, lo que representó para los linajes meridionales autóctonos el triunfo final sobre la aristocracia franca del norte.
Con la muerte del último monarca carolingio y la entronización del noble Hugo Capeto (927), se rompió definitivamente la legitimidad dinástica y, en consecuencia, los últimos vínculos jurídicos y morales que unían los condes catalanes a la monarquía franca.
Así pues, con el cambio de dinastía en Francia, se consumó la emancipación condal.
Por Eduard Juncosa. |
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