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<< Historia: Nacimiento de los condados catalanes
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En términos de identidad, los habitantes del territorio de frontera (Marca) se sentían hispanogodos. La invasión musulmana y la conquista franca eran tan recientes que la frontera no separaba aún las comunidades godas de parte y parte, quienes se mantenían en contacto y en relaciones de amistad, familia o negocio. |
Los carolingios, que conocían la personalidad diferenciada de la población de la frontera hispánica, a veces se titulaban reyes de los godos, cuando lo eran de los francos.
Para poder administrar el territorio, éste se dividió en distintos condados (Cerdanya, Urgell, Pallars, Ribagorça, Rosselló, Empúries, Osona, Barcelona y Girona, a los que se añadió posteriormente, Besalú), gobernados por condes de nombramiento real.
Las necesidades de defensa de los territorios de frontera concentraron la fuerza en pocas manos, por lo que los monarcas carolingios nombraron a un solo conde para ponerse al frente de varios condados; hubieron condes con gran poder, pero nunca hubo un solo conde que gobernase todos los condados.
Los condes dependían del monarca que los nombraba y estaban en contacto mediante embajadores o directamente, cuando acudían a las asambleas generales del reino.
Dirigían las cuestiones administrativas y de orden fiscal, encabezaban el ejército, debían garantizar el orden público y eran responsables de la justicia. Para desempeñar tales funciones, contaban con el apoyo de distintos colaboradores, que la cancillería carolingia consideraba funcionarios.
Muy a menudo, las ciudades capital de condado eran a la vez, sedes episcopales, de forma que allí residía un obispo, responsable del servicio de culto y figura con importantes funciones políticas en la ciudad.
Los carolingios, por medio del arzobispo de Narbona, controlaban la actuación de los obispos de la Marca.
Así pues, condes y obispos eran las autoridades principales en la zona de los condados de la Marca.
La creación del imperio carolingio (Galia, Germania, Italia y Marca Hispánica), corresponde a la época de Pipino el Breve y Carlomagno (768-814), cuando la expansión permitió la cohesión y la hegemonía de la aristocracia franca, asociando el poder y los beneficios a linajes de pueblos incorporados al imperio.
Esta aristocracia franca fue la que dominó el gobierno de los condados catalanes hasta el caso de Berà, primer conde de Barcelona (801-820).
Por Eduard Juncosa. |
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